conocer el mar

Hoy Salvador, mi ahijado, conoció el mar.

Primero tengo que explicar que, siendo cordobeses, mediterráneos, conocer el mar es un momento de la vida*… hay un antes y un después, un cambio de esos que tejen identidades, que hacen subjetividades.. o por lo menos así lo aprendí, así me lo enseñaron..

Yo conocí el mar a los nueve, me llevaron mis viejos a Brasil con la consigna de cambiarme la vida, de incluirme en el grupo de  “las que sí”…y mas o menos con esa misma consigna, con esa intención y esa intensidad,  hoy me lo traje a Salva a Monte Hermoso…

Y me reencontré con un mar que en los últimos años estuvo ridículamente cerca pero que no había visitado en un largo tiempo…y yo, que ya conocía el mar, pude ser  testigo de ese rito de pasaje en la vida de un niño…

Llegar a la esquina donde se divisa el horizonte celeste grisáceo…La sonrisa tímida… El olor a sal… El ruidito de las olas, que aparece medio escondido atrás de motores y voces de la ciudad,  una ciudad que va quedando atrás…

Las olas que se ven de a poquito, la arena finita…Una sonrisa menos tímida…El viento de la playa sureña…que trae olorcito a pescado y llena el aire de una brisa salada… Un pie adentro…Frío….Conchitas, cangrejos de a partes, más conchitas…

La sensación de haber sobrestimado el mar, de que eso que tanto expliqué por ahí, no tenía tanta fuerza acá… Que capaz a Salva no le estaba cambiando tanto la vida…

Entonces, empezó el movimiento, saltar en  la arena finita…Meternos un poco, otro poco…Saltar olas… Agua salada que tragaba por accidente, agua salada tomada por puro gusto…

Dos horas  de un niño corriendo, saltando, bailando….dos horas reloj de un espectáculo disfrutado en primera fila…dos horas de sólo mirar este niño feliz… de ver ese pasaje, de darme cuenta que era verdad: conocer el mar cambia la vida…

Encima, y como para que no se nos olvide, un atardecer de esos impresionantes: el mar despedía al sol proyectando un cielo naranja luminoso al oeste, mientras al este ese mismo pedacito de mar bienvenía la lluvia con un arcoiris doble, gigante, completo… gotitas en un aire que costaba respirar de tanta emoción…

Este mar, con su fama de gris, hoy me cambia un poco la vida a mi también…Porque de tan concentrada que estaba en soñar caribes y tailandias, nunca me gasté en conocer el mar más cercano… y la costa argentina, quizás no tenía el turquesa en el agua, pero hoy sí tuvo todos los colores en su cielo…

Hoy yo también conocí el mar, este mar argento que  me sorprendió sin viento y con aguas calmas…

Y es que después de haberle dado la vuelta al globo, y de haber hablado/escrito/retratado diversos atardeceres en las más famosas playas, puedo afirmar que lo que vimos hoy con Salva, no se compara con nada… Esta experiencia, de sentir tan bello lo cercano,  vale aún más después de haber estado tan lejos…

Y queda confirmado: hay un antes y un después… Están los que sí y los que no… Y le agradezco a Salvador, porque me trajo hasta acá, y me dejó ser testigo de ese rito de pasaje…porque me permitió ser parte de ese cambio en su vida, y solo con eso terminó cambiando un poquito la mía…

*particularidad que reconocí como tal cuando  lo intentaba explicar en  Nueva Zelanda, donde el punto mas lejano del mar queda a 170km, y ahí el concepto de “conocer” el mar resultaba extraño y hasta incomprensible.

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