Nueva Zelanda – desde Argentina

A usted que quiere ir al otro lado del mundo, a usted que quiere conocer el país kiwi, le dejo un par de instrucciones:
1. Prepárese para el cambio de horario. Primero para el jetlag que corresponde a las largas horas de vuelo. Puede haber cruzado el pacífico o haber dado la vuelta vía Asia; de cualquiera de las dos formas, usted llegó al otro lado de mundo. Recuerde que va a estar viviendo en el futuro; calcule que con 14 horas de diferencia, muchas veces le va a tocar hablarle a sus familias desde el mañana, o aun más complicado, va a querer hablarles a las 4 de la mañana.
2. Abra sus oídos. Si va a NZ, probablemente haya estudiado algo de inglés. Quizás pueda leerlo, o entender series sin subtítulos, quizás lo habla fluidamente, o hasta rendido un examen de esos internacionales. De todas maneras debe saber que ninguna de esas “skills” lo preparan totalmente para la interacción con el mundo kiwi: las letras se pronuncian distinto, las palabras cambian, el mundo de distancia entre Inglaterra y Auckland han tenido su efecto, y usted deberá tomarse unos días de adaptación y aprendizaje intenso.
3. No se preocupe demasiado, que aunque la llegada suele ser intensa, la gente es muy generosa y paciente. Mire a los ojos, pida amablemente lo que necesite y agradezca; solo recuerde no agradecer con tantos besos y abrazos, porque  puede terminar confundiendo o traumatizando a más de un nativo.
4. Aprenda las palabras clave. Kiwi es una de ellas, y puede referirse a un pájaro,  una fruta o a los mismos neozelandeses. Si usted sabe este detalle, puede evitar momentos incómodos; como cuando un compañero de trabajo kiwi-persona, en una plantación de kiwi-fruta, le pregunta si le agradan los kiwis (persona) ,y una responde que  sí le gustan (kiwi-fruta), pero que probablemente pronto la cansen (ocasionando el alejamiento de dicha kiwi-persona).
5. Planifique y  elija a conciencia, tome decisiones que le permitan moverse con comodidad. Los vuelos, los buses, hasta los hostales son mucho más baratos si los reserva una semana antes, los mejores circuitos de trekking necesitan reservarse con tiempo para tener lugar. Negocie, elija qué es lo que va definiendo y qué deja al azar; verá que en países tan organizados -y tan caros- como este, a veces detenerse a hacer reservas puede ahorrar horas de sufrimiento, pero sobre todo, horas de trabajo convertidas en dinero.
6.Camine mucho, haga caminatas largas y cortas. Quédese en algún camping del DOC que son baratos, muy simples y sobre todo, muy tranquilos. Destine una noche a mirar las estrellas desde el extremo norte de la isla. Suba una montaña, prepare sanguchitos, lleve mucha agua; vea el mundo desde esos arribas. Anótese para alguna Great Walk y pase cuatro días caminando por la montaña, entre lagos, pajaritos y árboles de todos los verdes posibles. Siéntase pequeña y gigante. Cada vez que pueda, métase a los senderitos que asoman por todas partes, explore, camine entre raíces y cascadas.
7. Elija los placeres gratuitos, no compre tanto. Como en todos lados , en NZ hay excursiones, productos  y cosas que se venden y tientan mucho, no se deje seducir por las ofertas. Recuerde que este país tiene la bellísima cualidad de tener reservas y parques nacionales abiertos, gratuitos y desparramados por todos lados. Métase a los ríos termales, nade en los lagos, disfrute la aventura de meterse en cuevas con estrellitas en el techo. Visite las playas del norte, camine las ciudades pintorescas, aproveche las miles de vistas fantásticas para sentarse a tomar unos mates. Acampe en el medio de la nada, cocine un arroz y escuche de noche todos los ruidos del bosque. Siéntase Blancanieves por un rato (que en NZ te siguen los pajaritos como si fueran perritos de compañía)
8.Coma kiwi gold y chocolate con avellanas. Disfrute de este kiwi amarillo y dulzón que se consigue en pocos lugares del mundo, que es un lujo diseñado para japoneses y europeos, pero que usted quizás tenga el gusto de cosechar y comer en origen, como corresponde. Disfrute ir al supermercado y conseguir chocolates gigantes al precio de una berenjena, acompáñelo de potes de helado que cuestan lo mismo que dos tiras de pan. Coma cerezas, blueberrys y todas esas frutitas chicas que llenan al verano de sabores intensos (y que también se pueden acompañar con el helado, no sea cosa de que quede muy light).
9. Use las bibliotecas públicas. Cada pueblo, cada ciudad tiene una biblioteca pública abierta de lunes a sábado. Siempre tienen internet gratis y unas mesitas o hasta sillones disponibles para las visitas de turno. Todas tienen lugar para niños y niñas, algunas apenas unos banquitos de colores y otras secciones que parecen parques de diversiones.  Cada una tiene algo especial, desde libros sorpresa empaquetados por tema de interés, a un árbol-tobogán para niños, a nichos-sillones-cuevas para no tan niños también. Son muy cómodas y útiles, pero no es sólo eso, tienen poesía de la de verdad.
10.Disfrute del camino y frene en todas las reservas que pueda. Pida ride, o dé ride, que puede conocer gente fantástica en la ruta. Aprecie el verde de los campos, mire las ovejas que se desparraman por ahí. Frene a sacar fotos de las rutas, las curvas, los paisajes. Pregunte por las reservas y parques que le rodean; frene espontáneamente donde vea un cartel que le invite. Mire bien los pájaros, los faisanes, las gallinas azules y rojas que caminan al lado del camino. Frene, una y otra vez, para una foto, para unos mates, para estar. Ya se preparó, ya logró comunicarse, llegó a Nueva Zelanda y va siendo momento de que aproveche esa belleza que desborda, llego el momento en el que le recomiendo, simplemente, que frene.
Valentina

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One Reply to “Nueva Zelanda – desde Argentina”

  1. Noelia says:

    Que bonitoo. Ojalá pronto este allá

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