Por qué serán tan felices los daneses? (parte 2)

Por Ely, desde Copenhague, Dinamarca.

Hace unas semanas escribí sobre lo que en mi opinión era uno de los secretos de la felicidad un tanto misteriosa de los daneses: la simpleza. Y será tan simple como la simpleza, la felicidad? 

Hoy te vengo a hablar de otro aspecto de la vida danesa, que me llamó la atención más adelante, a medida que pude estar más en contacto con los daneses.

De a poco me fui dando cuenta de que todos tienen vidas bastantes parecidas. Eso me llamó la atención cuando empecé a cuidar a una niña de 6 años de vez en cuando, y que fui a casa de su mamá y después a la de su papá, ya que estaban divorciados. Ahí me pareció que era la misma casa, con pocas cosas distintas: mismo suelo, misma tele, mismo estilo de lámparas, misma cocina, mismo color de puertas… Y en las pocas casas danesas a las que fui, esas cosas eran siempre del mismo estilo. Mismo tipo de sofa, mismo tipo de luces, madera por todos lados, blanco por todos lados, luces bajas por todos lados… Todo parecido a una revista Ikea, o a las otras tiendas del mismo estilo que hay por todo el país. De afuera todo parece perfecto, ordenado, lindo. De afuera una tiende a soñar con esas cosas, con ese minimalismo, con ese aspecto tan cosy.

De ahí empecé a observar, empecé a preguntarle a la gente, empecé a investigar y algunas respuestas encontré.

Muchas estudian. Muchas trabajan hasta las 4 de la tarde. Muchas estudian y trabajan. Muchas hacen deporte en el gimnasio. Muchas toman mucha cerveza. Muchas tienen amigos desde los 4 años. Muchas andan en bici. Muchas se casan. Muchas tienen hijos. Muchas se divorcian. Muchas se visten de negro (muchas!). Muchas se van de vacaciones a Estados Unidos y al sur de Europa. Muchas se van de fiesta los sábados. Muchas tienen cenas de navidad cuando empieza noviembre. Muchas toman café latte. Muchas van a cafés con mesas de madera, mantas grises y velas. De alguna manera los interiores de casas reflejan ese parecido colectivo.

Los habitantes de Copenhague van mucho a Tivoli. Es uno de los parques de atracciones más viejos de Europa, y lo encontrarán en el centro de la capital danesa.

Un día en el trabajo una colega irlandesa nos contó de sus vicisitudes con el doctor. Había ido para que le cambiaran el implante anticonceptivo y el doctor le había preguntado, antes de volver a poner uno nuevo, si estaba segura, si ahora no era un buen momento para dejarlo, que como ya tenía 30 años tenía que pensar en hacerse mamá.

No sé si a los demás les pareció raro pero a mí me sorprendió mucho, y a esa amiga irlandesa que no quiere hijos también la sorprendió. Después me pregunté si podía ser algo que los doctores decían, y pensé en una propaganda que había visto, una que incita a las mamás a comprar paquetes de viajes para mandar a sus hijas de vacaciones para que vuelvan de ahí embarazadas.

Tras esa historia encontré el punto que llevaba un tiempo buscando, se me prendió una lucecita: hasta ese momento venía pensando que esta sociedad estaba bastante cerca de lo que podría ser una definición humana de la perfección; para mí los daneses eran libres y podían vivir como querían. Y ahí, con esta historia desarrollé mi idea de que capaz no lo eran tanto.

Una casa en el puerto de Skagen, al norte de la ciudad de Aarhus.

De por sí no hay problema con tener vidas parecidas. Pero sí me pregunté si realmente todas querían hacer lo que la vecina, la amiga, la hermana, la abuela, hace.

Qué pasa si una no quiere ser mamá? Qué pasa si una no quiere estudiar? Y si no quiere andar en bici ni ir al gimnasio? Qué pasa si estar en el trabajo de las 9 a las 4 no es lo que conviene? Qué pasa si una no se quiere vestir de negro? Y más allá de eso, cuando a una no le conviene hacer todas esas cosas que supuestamente hacen todas, cómo hacer para caber en esa sociedad donde justamente caber se siente tan importante?

Y si bien es reductor concluir que todos hacen las mismas cosas, algo de esohay, algo de seguir la corriente hay, algo de andar por el camino ya pisado mil veces hay.

No puedo evitar pensar en la gente que no cabe en ese molde. No puedo evitar pensar en la presión que siente esa gente en Dinamarca que decide cada año poner final a su vida, a pesar de que sea un país donde se vive feliz (la tasa de suicidio es relativamente alta – te dejo un enlace a un estudio por si te interesa saber más sobre esta paradoja).

No puedo evitar preguntarme cómo tendría que ser para todas las mujeres que no quieran tener carreras con marketing o comercio, para las que no quieran tener hijos, ni hoy ni mañana, y no puedo evitar pensar en lo difícil que debe ser.

A medida que fue pasando el tiempo, no pude evitar pensar que ya los café con velitas y mesas de madera que al principio me hacían sentir alegre, relajada y cómoda, ya no satisfacían mis deseos ni curiosidad, que ya no era lo que quería cada día, cada semana, cada mes.

A medida que fue pasando el tiempo, tuve la sensación de ir a tomar un café en un lugar que negaba otras partes de mi personalidad; en vez de ir a un lugar con paredes blancas o negras, luces bajas y calurosas, estantes de libros que nadie lee, velas prendidas y las últimas sillas grises de Ikea, fui teniendo ganas de ir a lugares que tuvieran muros de colores, sillas distintas, estantes decorados según los gustos de la dueña.

Me puse a pensar que seguro no era la única persona que sentía eso, y que seguro el problema que tenía con los cafés se podía trasladar a asuntos mucho más profundos que lugares donde tomar cafés.

Dinamarca me enseñó muchas cosas, muchas más cosas de lo que me esperaba y eso sobre todo: que la felicidad es muy personal, que el camino preestablecido no sirve para todos, y que receta mágica no hay. Cada una de nosostras es única y seguir ciegamente el camino que siguen los demás si bien parece ser lo más fácil o lo más accesible, no creo que valga tanto la pena como crear lo que a una le convenga.

Ely

Tiendas en el pueblo Skagen.

 

Quieres compartir las ideas? Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterPin on PinterestEmail this to someone

2 Replies to “Por qué serán tan felices los daneses? (parte 2)”

  1. Anne Sophie says:

    Siempre me encantan tus articulos, Ely! 🙂

    1. Ely Bakouche says:

      Sab!! Gracias por seguir leyendo!!

Comments are closed.