Yoga I -primera clase y necesidades-

Por Ely, desde Lille, Francia.

Si bien hoy no puedo pasar más de dos días sin hacer yoga, no siempre fue así. Mi primera clase se remonta a mi último año en la secundaria y entre ese momento y ahora, las etapas fueron muchas. Hoy les vengo a hablar de la primera parte de mi camino hacia mi práctica de ahora.

De algunos eventos nunca nos olvidamos. Me acuerdo de ese día en el que mi mamá me llevó a mi primera clase de yoga. Era primavera, llegaba el momento de rendir los últimos exámenes en la secundaria. Estaba estresada, ya estaba tomando magnesio que me había recomendado el doctor para ayudar a dormir y una amiga de la familia nos había recomendado probar yoga, a ver si ayudaba.

En ese momento, no sabía nada sobre esta práctica ; nada más que era algo que abarcaba un tipo de ejercicios que supuestamente te podían ayudar a relajar. A decir verdad, no me acuerdo bien de lo que me imaginaba, y no me podía imaginar tampoco mucho ya que en ese momento de yoga no se hablaba tanto como ahora, por lo menos en Francia. Fui igual, sentía mucha curiosidad.

Entonces, nos bajamos del auto y entramos con mi mamá; usamos mats del lugar; escuchamos a la profesora dar instrucciones, decir que había que concentrarse en la respiración. Estaba un poco perdida, y durante toda la clase me sentí muy incómoda… Pero me gustó. No sé cómo explicarlo. Fue una experiencia muy rara, muy especial, y me marcó mucho. Me veo todavía en el auto, volviendo a casa con mi mamá, escuchándola quejarse de que a ella no le había gustado tanto, pero que por lo menos lo había intentado.

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Durante mi segundo año en la facultad, cocinaba con vista a los techos de Bruselas, capital de Bélgica, donde estudié.

 

Capaz yoga no era ni es para ella ; sin embargo, ese día, algo pasó en mí. Porque unas semanas después de esa clase en el centro de yoga/meditación/artes marciales, me encontré a mi misma buscando videitos en YouTube, en la época cuando todavía YouTube no era sinónimo, dentro de las múltiples facetas de esta plataforma, de estudio de yoga virtual y gratis. Y ahí hice mi primera pose del árbol en pijama en mi cuarto, recién graduada, con las persianas bajas y la ventana abierta en una noche calurosa de verano. Intenté hacerla bien (aunque hacer las poses bien no es en realidad la meta en yoga, algo que no sabía entonces).

Sin embargo, no fue ahí que se quedaría en mi rutina. Me mudé a Bruselas para estudiar y ahí me puse a probar deportes: empecé algo parecido a pilates en el gimnasio barato de la facu; lo dejé. Me puse a correr en los días soleados; también lo dejé. En mi segundo año en la facu, volví a pilates pero esta vez lo hice en YouTube, cuando recién empezaban a nacer canales motivadores ; llegó el fin de año junto con su sesión de exámenes y, como 2 años atrás, me encontré en mi cuartito buscando videitos en esta red social tan práctica y útil para bajar el estrés de mi primera sesión de exámenes en la facultad. Ahí encontré la persona que sería mi profe de yoga preferida, la que me enseño tantas cosas, la que todavía sigo ahora, la que todavía me enseña.

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Junto con mis descubrimientos corporales, descubrí que me encantaba mirar el cielo cambiar de color…

 

En mi tercer año en la facultad, tercer año pasado aprendiendo y probando, probando correr, probando pilates, probando yoga más seguido, para estirar después de correr, para estirar después de pilates, para sobrevivir a la sesión intensa de exámenes y relajar los músculos del cuello, de los hombros, de la espalda. Ahí, en mi tercer año, me di cuenta de que si hacía ejercicio varias veces a la semana en periodos de exámenes dormía mejor, que era más productiva durante el día. Sólo en ese tercer año en la facultad compré un mat, sólo en ese momento me di cuenta de que sí lo iba a usar.

Y así pasé los tres primeros años en la facultad: tratando de descubrir qué ejercicios necesitaba para sentirme bien, en qué cantidad y qué diferencias notaba en mi cuerpo y mente. Y llegó el verano, y terminé mi bachelor, y decidí armar la mochila y comprarme un pasaje de ida a Nueva Zelanda…

Ely

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El martes que viene, les cuento la segunda etapa hacia mi práctica de yoga: mi descubrimiento del slackline, mi cambio de opinión sobre la meditación, y otras clases que tomé en Wanaka, en la isla sur de Nueva Zelanda. 

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