Lo que no se llega a ver

Por Valentina, desde Guanajuato, México.

Habíamos tenido una de esas charlas densas que cambian las rutas de viaje, y necesitaba salir.  Justo frente a la puerta de nuestro alojamiento había un callejón con flores y pajaritos. Allá fui.

A los pocos metros, me sorprendió una ráfaga de viento que desprendió de esas cositas blancas que caen de los arboles en primavera; y una imagen de esas memorables surgió en el camino. Una callecita de piedras, farolitos a los lados, un árbol como inclinándose desde un pequeño arroyo, la luz de un casi atardecer, las cositas blancas que seguían cayendo…

Cuando pasan esas cosas en los viajes, y no tengo a nadie conmigo, siempre quiero sacar una foto. Sacar fotos me da la sensación de que puedo llegar a compartir ese instante único, de que si logro capturar la imagen, deja de ser solo mío. Me encanta pensar que podría hacer llegar esas luces, esa sensación a otras personas, que puedo compartir esa magia con alguien que quiero.

Entonces, volviendo a las cositas blancas que caían, desenfundé mi celular mientras empezaba a buscar el ángulo. Ni la cámara de mi teléfono ni mis habilidades fotográficas le hacían justicia a esa callecita de Guanajuato. Mientras probaba de moverme, cambiar de lado, acomodarme a la luz, comienza a llegar a mi nariz ese olorcito de calle-cloaca que tantos lugares del mundo habita. Y el mismo viento que me dio la magia de las cositas blancas cayendo, me envuelve en un aroma que me hace querer correr.

Y pienso: Qué bueno que en la foto ese olor no sale!. Y pienso: Qué loco esto de que en la foto el olor no salga!

Y me quedo pensando, cómo cuando una ve una foto de algún lugar soñado, o lee un relato viajero desde lo lejos, se pierde esa información que jamás puede ser transmitida. Como que la imagen tiene varios ángulos, pero hay cosas que son imperceptibles para quien no esté ahí en ese momento.

Y pienso, que eso pasa mucho con lo más feo del viaje. Como que no hay palabras, ni fotos, ni maneras de comunicar esos olores a cloaca que se supone no deberían ser parte del paisaje. No hay palabras, ni fotos, ni maneras claras de poder hablar de lo que va pasando a cada segundo. Hay algo que se pierde, hay olores que se olvidan, momentos que se diluyen. Y ahí van quedando las fotos que hacen parecer que la magia era impoluta, que las cositas blancas caían sin que nada ni nadie opacara la magia que desprendían del árbol en cada movimiento.

Y mientras pienso, intento sacar la bendita foto.

Y la saco.

La foto en cuestión.

Y cuando la veo, las cositas blancas ni se veían. Y pienso: Puta que no se nota nada de lo que quería mostrar!

Y vuelvo a pensar, que tampoco es fácil transmitir eso que es realmente mágico. Que no hay palabras, ni fotos, ni maneras de comunicar eso que sucede en clave de instante. Hay algo que se pierde, imágenes que se convierten en sensaciones que, aunque me esfuerce, no pueden ser transmitidas. Y ahí van quedando las fotos, que hablan de lugares bellos, de atardeceres  que invitan, pero que jamás traslucen esas lucecitas pequeñas que cambian rumbos, ni esos vientos de verano que llenan de vida (y de cositas blancas) el aire.

Y pienso, cuando veo la imagen, que quedó bastante feucha, pero que me regaló una manera de transmitir que no todo se puede transmitir cuando una está viajando. Y en esa callecita de Guanajuato, y en términos de olores a cloacas y cositas blancas en el aire; me amigo con esta elección de hacer un caminito que poco se entiende, y mucho se desdibuja. Que se va construyendo de pasajes mágicos y olores inesperados, de charlas densas que cambian rutas de viajes y nos invitan a salirnos por callejones con flores y pajaritos; charlas densas que nos hacen ver cosas nuevas, o mejor aun: las mismas cosas de formas nuevas.

Valentina.

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3 Comment

  1. Se ve que ya se sabia que no íbamos a poder capturar ciertos recuerdos -o parte esencial de ellos- con una maquina para que perduren en el tiempo miles de “cosas”…como por ejemplo: los olores. y por eso, existe ese no se que, que al percibir ciertos aromas, te transporta por 1 segundo a algún lugar… ya la tenían clara. Que GO PRO ni que 8 cuartos… 🙂

    1. Valentina Ferrario says:

      Tal cual eso que decis Magi! no solo que te transportan en un segundo, sino que ni siquiera sabias que ese recuerdo existía adentro tuyo… hay algo de lo “incontable” que hace que tengamos que vivirlo nosotras mismas para entenderlo!!! abrazote!!

  2. Saludos a donde quiera que estes Valen!

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