Esta vez, despedirse de México…

Por Valentina, desde San Cristóbal de las Casas, México.

Hoy lloré por México.

Estábamos en una callecita de San Cristóbal, cuando se empezaron a escuchar trompetas y bocinazos; era una de las tantas procesiones que hemos presenciado en nuestro camino por estas tierras.

Una de esas procesiones que detienen por apenas unos minutos el tráfico, que irrumpen con sus instrumentos siempre dorados, que aturden esas calles de por sí saturadas de tanto color, de tanto ruido. Una de esas procesiones que desaparece con la misma rapidez con la que llega. Siempre con esa magia de la mezcla impensada; con esa capacidad única de combinar ángeles y princesas, chinelos y diablitos, música de fiesta y rezos suplicantes.

Y ahí, frente a tal espectáculo de cuetes, altares de telgopor y arreglos florales, se me llenaron los ojos de lágrimas. Empecé a llorar tímidamente; lloraba porque por primera vez tuve la certeza de que en mis nuevos caminos no me voy a encontrar estos conjuntos caóticos que ponen en pausa las ciudades y los pueblos. Lloraba porque es otro destino que queda tachado de la lista, pero que va a seguir apareciendo una y otra vez. Lloraba porque me toca despedirme de amistades, que aunque siempre tuvieron ese carácter de impermanencia, dan la sensación de ser de las de siempre.

Ya conocía yo esas lágrimas tímidas, esa sensación de saber que se acaba; me había pasado con Nueva Zelanda. Aunque aquella vez fue distinto, habían pasado meses y entre tanto estímulo no lograba conectar con ese extrañar casi resignado. Esa vez lloré con Nicky Minaj, mientras les mostraba a unas amigas la música que me tocaba escuchar y que tanto detestaba; me sorprendí a mí misma emocionada por los sonidos que me transportaban a un mundo verde con vacas y 4×4 embarradas.

Y aunque coincide en la música, y en lo ecléctico-bizarro-extraño de la situación emotiva, esta vez es distinto. Acá fue en pleno México, en medio de la “gira de despedida”, sin irme todavía ya estoy extrañando un poco mi tercer país de adopción.

Quién sabe (como dicen acá, o Andá a saber, como diríamos en nuestra primera casa).

Quizás sea porque la comida es tan rica y los olores tan especiales; o quizás sean los colores y las mil maneras de hacer que las tortillas queden fantásticas con frijoles. Quizás sea por los colores, el amor a los cuetes o los miles de santos que llenan las calles cada semana. Quizás porque hicimos muchas amigas y amigos, porque aprendimos toneladas, porque nos hicieron sentir en casa.

Quién sabe.

Por una o por otra, con ganas o sin ellas; las lágrimas tímidas se escapan, y anudan la despedida que ya se viene gestando, que viene sucediendo de ciudad en ciudad, de estado en estado. Esta “gira”, entre planeada e improvisada, me vuelve a enfrentar con esta sensación entre alegre y tristona.

Ese movimiento, estos viajes que nos dan tantas chances en la vida, que nos abren tantas puertas, pero que también nos destinan irremediablemente a vivir extrañando, a nunca tener todo lo que queremos en un solo lugar. Porque, en última instancia, esas lágrimas tímidas, confusas y a destiempo, son el precio a pagar por esta vida cuasi nómada que elegimos. Esa conciencia de ser un poco de acá y otro tanto de allá, y -encima- de seguir eligiéndolo.

Y aunque me encantaría tenerlo todo junto (desayunar unos chilaquiles bien mexicanos el mismo día que como tarta de zapallitos con queso cremoso en Córdoba  y paseo por cascadas kiwis entre pajaritos) me conformo con los recuerdos, con los sabores, olores y músicas que van a seguir llevándome allá una y otra vez; y más aun apuesto a seguir multiplicando los menúes, las lágrimas tímidas y las amistades desparramadas. Porque aunque a veces quisiera tenerlo todo junto, y me pongo un poco triste, me alegra montones saber que por ahí hay redes, redecitas, pedacitos míos y pedacitos de otros que quedan, acercándonos o, al menos, recordándonos.

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5 Replies to “Esta vez, despedirse de México…”

  1. Éste es el tipo de escritos que ponen la piel de gallina y te hacen sentir lo que se lee… Es de los que te llenan los ojos de esas lágrimas que decís y te hacen entender un poquito más a quienes eligen ese tipo de vida cuasi nómada…
    Es de los que te hacen sentir los olores, las texturas, los sonidos y los colores…

    Gracias por escribir y compartir así, gracias por seguir eligiéndolo…

    1. Valentina Ferrario says:

      Gracias por leerlo y escribir estas cosas bonitas! Vos ya vas sabiendo de qué va esto de andar en movimiento, hagamos que valga las penas!

  2. Emiliana says:

    Que lindo Valen!

  3. Emiliana says:

    Que lindo! Las penas valen si es por esta intensidad! Abrazoooos

    1. Valentina Ferrario says:

      esas cosas que se aprenden en los viajes nomás… Vos irás sabiendo creo yo…

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