Ser vulnerable

Por Ely, desde Lyon, Francia.

Cada vez que empiezo a escribir algo nuevo, en Instagram, en Facebook, o en el blog, surgen preguntas. Las preguntas están relacionadas con mi idioma (así se dirá en español? O no tiene sentido lo que estoy escribiendo?), con mi capacidad a captivar la lectrora (pero es aburrido, no?) y mis ideas (a nadie le interesa lo que cuentas…), con el formato de mi artículo (así se usaba el punto y coma?), con la relevancia de mis anécdotas y opiniones. En fin, me pregunto si lo que estoy produciendo está bien, si vale la pena.

Si escribir de por sí es un desafío, escribir para las demás es uno más grande aún. Exponerse da miedo: es darles lugar a otras miradas, con sus propias palabras y los sentidos que tienen; es dejar lugar a malentendidos; es dejar un espacio para opiniones externas, posibilidades de desacuerdos; es dejar que otra mente lea la nuestra, que la juzgue, que le ponga una etiqueta, que la tire por la basura.

Si nuestros cuadernos fueran una playa, los libros serían como playas nudistas. Playas donde las reglas están hechas: ahí, es normal desnudarse. Las nudistas están acostumbradas, y si bien se mira y se opina, forma parte del acuerdo y no molesta.

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Internet, al contrario, es una playa anarquista. Alguna gente se desnuda. Otra lleva sólo la parte de abajo, otra sólo la de arriba, otra esta toda vestida… Y se mira. Se miran las partes del cuerpo que se ven y las que no; las pieles morenas y las blancas; las toallas que usan; se mira la elección de colores en los bikinis; la elección de accesorios de baño; su manera de nadar; el picnic de unos y de otros; la música que ponen para toda la playa.

Se mira y se opina, que está bien y que está mal, que me gusta y que no, que es feo y que es lindo, que no se hace y que sí, que el lugar es para unos y no para todos, que cuando no se puede no se hace, que esto y que lo otro, sin parar. Hay tantas mentes como pensamientos, de todos los colores, de todos los tamaños, silenciosos y ruidosos…

Animarse a clickear en el botón “publicar” tiene que ver con confiar: confiar en que algo bueno saldrá, o por lo menos que algo saldrá, y que no importa tanto lo que sale; confiar en que de por sí la experiencia vale, que nos hace fuerte, que nos enseña.

Con elegir ser vulnerable, aprender, siempre aprender, sobre si misma y las demás, sobre la escritura y el ponerse en marcha. Acá, cada semana, eligiendo ser más y menos vulnerable, decidimos intentar, ayudarnos, crear juntas, lanzarnos desafíos. Lo hacemos para darle un sentido a la vulnerabilidad, que nos guste a nosotras y quizás a las demás, y a pesar de exponernos a miradas y pensamientos, para que sí valga la pena y que sea linda la experiencia.

Ely

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