Colaboración y viajes: de multipicar se trata.

por Valentina, desde Dinamarca.

Ya tenía casi lista una publicación para hoy: era una lista de posibles maneras de viajar aún desde casa; pero como suele suceder en la vida, otras cosas pasan y acá estoy escribiendo algo bastante diferente.

Es que hoy pasamos varias horas de nuestro día libre ayudando a un danés de 20 años que necesitaba ayuda para su examen de español. Tenía que leer unas entrevistas y hacer un resumen y escribir su opinión sobre el tema.

En  total estuvimos 8 horas disponibles, leímos las dos entrevistas, lo ayudamos a escribir varios párrafos y conversamos sobre machismo,”mantenidas” y la realidad cubana. Al mediodía comimos un almuerzo que yo preparé y a la noche cenamos un guiso que hizo Iñaki.  Durante las comidas hablamos de viajes, le sugerimos herramientas para sus próximos viajes, le contamos de Nueva Zelanda (NZ) y la Working Holiday Visa (WHV).

Al terminar la cena, se despidió para seguir estudiando en su casa y se fue diciendo algo así como que no sabía cómo agradecernos por todo lo que habíamos hecho. Y esa expresión, esa expresión que esta vez veía del lado ajeno, me llevó inmediatamente a un momento de mi vida en que registré esa misma sensación.

Era el 2013, y acabábamos de sacar la visa para Nueva Zelanda (acabábamos es una forma de decir, porque solo Iña la había conseguido), y estábamos llenos  de dudas sobre si ir igual, aún con una sola visa, o si mejor cambiar de planes. En ese momento casi no conocíamos a nadie que hubiese ido a NZ, y mucho menos sin visa; así que casi como al azar decidimos pedir ayuda en Couchsurfing.

Escribimos una pregunta, o buscamos gente que hubiese ido por ahí, o encontramos un grupo que hablaba de WHV; no recuerdo cómo pero dimos con un chico que había hecho lo que queríamos hacer nosotros. Nos ofreció juntarnos, y -de eso me acuerdo bien- quedamos de vernos en el Buen Pastor (un lugar céntrico de Córdoba) para charlar un rato. Nos dijo que tenía relativamente poco tiempo porque estaba con exámenes, pero que nos viéramos igual.

Apareció en la escalera acordada, a la hora acordada y encima con una bolsa de criollitos (unos panes riquísimos) en la mano. Él había viajado y trabajado  por NZ con su novia – él con visa y ella sin-, y cualquier cosa que tuviera para decirnos sobre su experiencia, para nosotros valía oro. Estuvimos como dos horas hablando y tomando mates, y fue la primera vez que supimos de primera mano que también se podía, que había maneras de resolver mi falta de visa. Nos compartió datos de los no oficiales, abrió su bolsa de papeles y nos mostró mapas y cosas de trámites importantes, nos dió un panorama de muchas cosas, nos contó de otras tantas.

Cuando nos despedimos le dijimos lo mismo que hoy escuchamos: no sabemos cómo agradecerte. Y él, muy sabio, y muy calmo, nos dijo: hagan lo mismo por el próximo, esa es la mejor manera de agradecerme. A mí esa respuesta por supuesto no me quedó cómoda, intenté hacer un agradecimiento bien concreto y direccionado: un regalito, llevar una carta a NZ, algo así; un par de veces nos escribimos, pero entre mudanzas y más exámenes nunca tuve chance de devolverle su favor personalmente.

De todas maneras, en algún lugarcito de mi cabeza, quedó esa idea de retribuir a través de otros/otras. Y cada vez que alguien preguntaba en un foro, cada vez que podía pasarle data a alguien que llegaba, cada vez que alguien me decía “quiero sacar la WH”, intentaba recordarlo a este muchacho que creo que se llama Lisandro e intentaba no sólo responder sino hacerlo con ganas, con toda la pila que él le había puesto esa tarde en el Buen Pastor.

Y se empezó a sentir bien, y la deuda estaba saldada a través de muchas otras personas, que además de recibir nuestro favor, podían multiplicarlo de la misma manera. Y esa frasesita se convirtió en un mantra que se repite cada vez que se puede; porque no sólo mantiene la rueda de generosidades girando, sino que nos da la calma de saber que  si no sabemos cómo devolverle a esa persona específica en ese momento puntual, van a haber miles de posibilidades de hacerlo después y hasta a través de muchas más personas.

Este muchacho creo que no supo que esa tarde no sólo nos compartió sus herramientas para ir a NZ sin visa y poder ahorrar igual; sino que nos introdujo a una de las más bonitas lecciones de esta vida casi nómada. Nos mostró una manera distinta de confiar y apostar por otros, por otras; dar tiempo, energía, información a cambio de la promesa de que en su momento esas personas van a multiplicar el tiempo, la energía y la información para nuevas viajeras, para otros curiosos.

Lo hago y lo seguiré haciendo. Y aunque a veces sé que se corta, y que no siempre se multiplica locamente, creo firmemente en que el saldo es siempre positivo; que siempre hay alguien que va a honrar esa apuesta, alguien a quien nuestra respuesta pueda cambiarle un poquito la vida, o al menos ayudarle un poquito en su camino.

Y lo hago y lo seguiré haciendo, porque creo que este agradecimiento extendido es muy especial, porque me regala la certeza de saber que de alguna manera podré devolver algo de todo lo bueno que me regala la vida y la gente que voy conociendo. Y ya la sensación de “no sé cómo agradecerte tanto que has hecho” en vez de angustia viene acompañada de la calma de saber que sobrarán oportunidades, que si no es directamente, de todas maneras seguiremos haciendo girar la rueda. Que esa apuesta que hicieron conmigo; no se queda ahí, sino que sigue camino multiplicando lo que realmente vale la pena.

 

 

 

Argentina, enamorada de los colores y de los relatos. De formación psicóloga, de práctica mesera-panadera-dishwasher. Transitando mi segunda WHV con mi compañero de vida y viajes, esta vez en Dinamarca. Amante de un buen mate, abrazadora por temporadas y adicta al dulce de leche (especialmente cuando es a cucharadas).

 

 

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