Reflexiones sobre el trabajar de a dos

Por Ely, desde Lyon, Francia.

6.45am. Suena la alarma. Tardo unos minutos más en la cama, disfrutando el calor de mi cuerpo que recién se despierta, dejo mi mente viajar a las tareas que planeé para el día, dejo llegar la energía. Siento mis ojos cansados, luchando por abrirse, pero me levanto con ganas. Abro las cortinas y la ventana, está gris el día. Voy a prender la pava para hacerme un té verde, prendo la compu mientras, me tomo un vaso de agua, paso por el baño. Vuelvo a la cocina, lleno mi tetera de agua bostezando, y me voy al escritorio.

Me siento, le mando un mensaje a Valen. Son las 7.25. Habíamos quedamos entre las 7 y 7 y media, con la idea de charlar sobre algunos temas, que escribo en mi libretita de listas de cosas para hacer. Hablar de instagram, añadir fotito y texto por ahí, escribir esto por acá, charlar esto y lo otro. Entro al asana, una plataforma que empezamos a usar hace unos meses para tratar de organizarnos con las cosas del blog, y que dejamos de lado con todo lo que pasó entre ese momento y ahora.

Valen, que suele responder rápido a esa hora, sobre todo cuando tenemos una charla planeada, todavía no me mandó nada. Me pongo en otra cosa, en la primera tarea que aparece en mi lista. Es que Valen y yo tenemos un tipo de contrato. Está todo bien se podría llamar ese contrato; es uno de esos raros que no tiene ninguna estrellita ni letra chica que nadie lee ni ve nunca, hasta el punto en que surja un problema y que haya que releer el contrato y descubrir esas condiciones escondidas a simple vista.

En nuestro contrato, realmente está todo bien. No pasa nada por no publicar cuando se tenía que publicar; no es un problema que una lleve unas semanas tratando de escribir, de añadir, de buscar, sin lograr escribir, añadir y buscar. No hay drama si una se conecta a las 8.15am cuando habíamos decidido quedar más temprano, y no importa tanto si en una hora de Skype charlamos de todo menos del blog.

El contrato es honesto. No hay nada entre líneas. No hay enojo ni hay resentimiento, y entre cada una nos animamos mutuamente a dejar la culpa de lado, confiando que algo va a salir, porque hay ganas, porque sabemos que la energía va y viene, porque el blog es lindo, porque ya escribimos mucho, y porque nos está gustando esa aventura.

Y a veces no encontramos el momento para hablar con la otra; dejamos mensajes sin responder y no encontramos las energías o la inspiración para escribir; nos equivocamos de colores; nos faltan un par de puntos y comas; nos falta una imagen; nos falta un texto de presentación; nos faltan categorías; nos falta organización.

Otras veces, logramos encontrar momentos con mucha facilidad, las ideas fluyen y tenemos epifanías; estamos alineadas en cuanto a los temas sobre los que queremos escribir; y cumplimos con nuestros contratos. Poco a poco, nos vamos dando cuenta de nuestras debilidades y fortalezas, y de nuestra manera de funcionar juntas y ajustamos.

De todo eso, apredendemos. Vamos evolucionando, y de eso de trata. De avanzar, de ver, de descubrir, de entender qué pasa y cómo, qué va y qué no, y de aprender de todo eso. Y a medida que vamos viendo, descubriendo, entendiendo, crecemos y caminamos sin prisa, pero sin detenernos en la inmobilidad, en el no escribir y no publicar. Intentamos, y de eso siempre se trata.

-E

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